Foro de las ciudades: las cuatro dimensiones de los territorios
Los pasados 9, 10 y 11 de junio asistimos al Foro de las Ciudades 2026, un lugar de encuentro para intercambiar ideas, proyectos y visiones acerca de hacia dónde van las ciudades para ser más habitables, sostenibles, inclusivas, participativas y resilientes.

Este tipo de encuentros resultan esenciales puesto que los territorios, tal y como se mencionó en el propio Foro, son entes en constante evolución que deben ser, por tanto continuamente repesnados, manteniendo a la vez las bases que los hacen diferentes.
A lo largo del Foro surgieron distintas líneas de trabajo, interconectadas de tal forma que en ningún momento puede obviarse su carácter sistémico, ni las consecuencias que ello tiene en la toma de decisiones en cada uno de ellos.
Desde Materia Naranja, hemos concentrado los distintos aspectos considerados en cuatro ejes de trabajo: el espacio, el tiempo, los datos y la digitalización. Cuatro dimensiones que ayudan a comprender la complejidad de los retos urbanos actuales.

Hablar de territorio es hablar de espacio. Implica preguntarse dónde ocurren las cosas, pero también dónde no ocurren. Supone atender a las singularidades de cada lugar, a sus escalas, a sus límites reales más allá de lo puramente administrativo e, incluso, de lo físico; y a las formas de gobernanza que permiten activar una visión compartida. Cada espacio tiene unas capacidades y unas tensiones propias que configuran una identidad. Por eso, antes de proyectar hacia dónde quiere ir una ciudad, es necesario entender todos sus elementos.
Esta mirada espacial está profundamente vinculada con el tiempo. La planificación territorial ya no puede pensarse únicamente como una sucesión de grandes proyectos a largo plazo. Necesita incorporar ritmos distintos: intervenciones rápidas capaces de generar aprendizajes, hojas de ruta que orienten el cambio, guías que faciliten la toma de decisiones y una reflexión clara sobre la velocidad de implementación. En este sentido, la perspectiva 4D introduce una cuestión clave: no basta con pensar el espacio, también hay que pensar cuándo y a qué ritmo se transforma.
Por su parte, la digitalización no debe entenderse únicamente como una capa tecnológica añadida a la ciudad, sino como una oportunidad para rediseñar procesos, servicios y experiencias desde una lógica que aporte más valor a la ciudadanía. Es evidente que existe un esfuerzo importante y constante para que la “infraestructura” de todo tipo (técnica, cultural, etc.) se ponga al día y se mantenga y que éste no se puede obviar. Pero, no se trata de hacer lo mismo que se estaba haciendo, pero ahora con tecnología, sino que se trata de aprovechar las posibilidades que esta ofrece para pensar de forma diferente. Es el momento de imaginar y no solo de copiar y eficientar.
Finalmente, los datos, por su parte, abren enormes posibilidades, pero también plantean preguntas esenciales: qué datos se recogen, para qué se utilizan, quién los interpreta, cuánto cuesta obtenerlos y mantenerlos, y cómo se traducen en mejores decisiones. Herramientas como los gemelos digitales permiten imaginar nuevas formas de planificación y gestión, pero su verdadero valor dependerá de su capacidad para generar conocimiento útil, orientar políticas públicas y mejorar la vida de las personas. Además, herramientas como éstas también condicionarán la visión y marcarán no solo posibilidades, sino también limitaciones que deben ser tenidas en cuenta.
Espacio, tiempo, digitalización y datos forman parte de una misma conversación. Pensar la ciudad del futuro exige conectar estas dimensiones y entender sus impactos cruzados. No se trata sólo de incorporar nuevas herramientas o metodologías, sino de construir una mirada más integral sobre los territorios y sobre quienes los habitan.
En los próximos artículos profundizaremos en cada uno de estos ejes, en sus relaciones y en los efectos que pueden tener en las ciudades, los territorios y la ciudadanía. Porque repensar la ciudad no es un ejercicio puntual, sino una tarea permanente.